viernes, 27 de noviembre de 2015

Corinto

El vómito en el váter decía que se había dejado ganar otra vez.
Las oscuras ojeras decían que el insomnio había ganado otra vez.
Las pastillas decían que la depresión había ganado otra vez.
La cuchilla de afeitar le ofrecía oportunidades.
Llenó la bañera, se desnudó y echó un vistazo a su asquerosa cuerpo.
La cuchilla cortó la fina y pálida piel de sus antebrazos, desde la muñeca hasta el codo.
Su cuerpo se debilitaba, pero su voluntad se mantenía firme.
La cabeza giró y el brazo ardió.

Los ojos se cerraron y, por primera vez, se dejó llevar.

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